martes, 9 de febrero de 2021

Lazareto de Maón. Manuel Rodríguez Caramazana

Lazareto de Maón: confinamiento, cuarentena, antiguamente «secuestro», pero también progreso en tiempos de guerra, 1813

«El costoso lazareto de espurgo -sic-*, que tiene adelantado la nación en la isla de Menorca, rivalizará con los mejores de Europa».

(Hernández Morejón, Pensamiento de policía médica, p. 9)

 

(*) Expurgo: Limpiar o purificar algo, entresacando lo inútil, sobrante o inconveniente. (Dicc. R. A. E.)

 

Introducción: la historia de anteayer (1813) se repite hoy (2021)

La casualidad puso en mis manos una edición facsímil del libro titulado Lazareto de Maón o memoria descriptiva de sus obras. Llevando, además, por subtítulo: Reflexiones críticas sobre su estado actual y proyecto para que sea general y puerto franco en beneficio del comercio del Mediterráneo, que por lo que puede convenir, antes de arreglarse el ramo de sanidad, dedica al poder legislativo, Manuel Rodríguez. Mahón, 1813.

Portada de la edición facsímil

En su sentido político hay que destacar la fecha, 1813; que nos lleva a un momento palpitante y estremecedor de la historia de España: la Guerra de la Independencia. Con la trascendental mención y el compromiso explícito, en el propio subtítulo del libro, las Cortes de Cádiz: «…al poder legislativo». Un parlamento en el que ya se hablaba acerca de la soberanía nacional: cuando el poder reside en el pueblo a través de sus representantes y no en la monarquía absoluta. De manera que una parte del país era regida por una constitución liberal.

    En un sentido social, el indudable beneficio para la población que este tipo de establecimientos, los lazaretos, podían ofrecer para la salud. Además de adecuar la protección al control de la higiene pública del país.

     Y en el ámbito económico, aun estando inmersos en un gran proceso bélico, las cuestiones económicas no dejaban de tener importancia, como reza el mismo subtítulo: «puerto franco en beneficio del comercio Mediterráneo», y algunas reflexiones del interior de este informe.

        En tiempos de la pandemia mundial del coronavirus (SARS Cov2) * no estaría de más releer la historia y los antiguos libros de medicina. Con toda seguridad aprenderíamos mucho. La historia continúa sorprendiéndonos, no solo con sus descubrimientos, sino con la actualidad de las propuestas antiguas.

        Para concluir esta introducción señalaremos la idoneidad de esta memoria dentro del proyecto De Antiquis Libris Sanitate. El Lazareto de Mahón, de Manuel Rodríguez Carazamana, es uno de los libros seleccionados para esta investigación por diversos motivos: la relevancia del momento, en 1813, y me atrevería a decir más: relevancia en la actualidad, por la carga temática que llevan sus páginas de la introducción: epidemia, pandemia, cuarentena (confinamiento), higiene pública, servicio público, nuevos centros sanitarios, combatir las epidemias, “confinamiento perimetral”.

En lo que se refiere al cuerpo del trabajo señalado por Rodríguez Caramazana, hay que indicar también la actualidad del tema en cuanto a la necesidad de construcción de centros sanitarios, tanto en aquel tiempo como en el presente. Se apreciará, en función de los avatares políticos, la dilatación de la obra para la puesta en marcha de la institución, la queja de la falta expertos adecuadamente preparados en la dirección de las juntas sanitarias locales; la demanda del conocimiento de la ciencia médica para el control de la higiene y la salud públicas, etcétera.

(*) SARS CoV 2: Severe Acute Respiratory Syndrome, coronavirus 2.

 

Manuel Rodríguez, un médico-militar liberal para la salud pública. Detalles biográficos

Nacido en Villalpando (Zamora) en 1765, este militar y cirujano (1791), estudió posteriormente medicina, que terminó en 1801. Se doctoró en cirugía en 1802, fue catedrático en 1809, finalmente, también se doctoró en medicina en 1831. Participó como cirujano del ejército en las expediciones militares de la Guerra de los Pirineos, entre España y la “Convención Francesa” (1793-1795). Rodríguez Caramazana fue un notable personaje de la España liberal de aquel tiempo, académico de sociedades científicas españolas (Barcelona, Madrid, Cádiz, Santiago de Compostela, Mallorca, etcétera). Hacia el final de su vida, en 1836, fue designado Inspector de Cirugía para el Cuerpo de Sanidad Militar (Real Academia de la Historia, 2018; Biblioteca complutense, s.f.).

         De pensamiento progresista (liberal) fue sancionado por el absolutismo de Fernando VII tras el “Trienio Liberal” (1820-23). Fue un firme impulso-promotor-organizador de la sanidad e higiene pública. Así nos lo demuestran algunos de sus escritos, entre los que se encuentra el estudio que exponemos hoy, el Lazareto de Maón. Su obra literaria abarca desde artículos periodísticos, como colaborador del Diario de Menorca, muchos de ellos relacionados con la sanidad, hasta obras de gestión sanitaria (Real Academia de la Historia, 2018; Biblioteca Complutense, s.f.).

 

Obras conocidas de Rodríguez Caramazana

-Formulario cirújico -sic- para uso del hospital militar de Mahón. Mahón; Imprenta de la viuda de Fabregues, 1808.

-Carta de un facultativo a un militar de primer egercito. 1813. (texto incluido en el libro del tratado que estudiamos hoy)

-Modo de precaver a Menorca de la peste Malta. 1813.

-Literatura médica. Comentarios a la obra de Mateo Buenaventura Orfila, Toxicología general. 1816.

-Carta polémica dirigida desde Mahón al redactor del diario complementario del Diccionario de las Ciencias médicas de París, en refutación de un artículo del espresado -sic- diccionario…, Barcelona; Imprenta de Juan Dorca, 1820.

-Cartas médicas. [facsímil] Menorca; Real Academia de Medicina de las Islas Baleares/Instituto Menorquí de Estudios, Editorial S. Rotger, 2005.

Nota aclaratoria de este estudio: Se ha considerado que los textos que expondremos de esta obra u otras, serán adaptados a las grafías del lenguaje en la actualidad, evitando la literalidad del documento original que, aunque ciertamente entendible, podría entorpecer la clara interpretación durante la lectura del propio texto con las continuas llamadas de -sic- *, siglas a las que obliga una investigación rigurosa. Estimamos que con ello facilitaremos la comprensión del lector sin que se distraiga la asimilación del mensaje que conlleva el texto que proponemos. No obstante lo dicho, puede consultarse de forma virtual el documento original en: a http://books.google.com

(*) sic: sic erat scriptum, “así fue escrito”. 

 

La cuarentena («el secuestro») como solución a la pandemia

A propósito de un brote de peste en el que hace referencia a unos sabios médicos que consideraron una epidemia en el antiguo Egipto:

     «…librarse del azote del contagio encerrándose en sus casas, sin mantener comunicación alguna con los apestados. De este modo hicieron ver a la posteridad que entre la separación de los sanos y el secuestro (entiéndase encierro, confinamiento) de los enfermos bastaba para preservarse del contagio; de donde tomaron crédito los lazaretos, instituidos ya en el pueblo hebreo, empleados contra la lepra por nuestros mayores, y contra la peste desde 1475…» (Rodríguez, 1813, 5-6).

 En el estudio que se está llevando a cabo dentro del proyecto De Antiquis Libris Sanitate hoy toca hablar del libro Lazareto de Maón -sic-, publicado en 1813. Una memoria sobre la construcción, dotación y puesta en marcha de un centro para aislar (en lenguaje de la época es «secuestrar y/o expurgar») a los viajeros y mercancías que llegaban a la Península Ibérica antes de tocar cualquier puerto de la costa mediterránea. Un centro de internamiento temporal, una cuarentena, para atajar cualquier enfermedad contagiosa (por ejemplo, la fiebre amarilla), que constituyera una epidemia procedente de otros puntos del Mediterráneo.

 No obstante, aunque la base y la inteligencia de esta memoria están referidas a la construcción y dotación de personal adecuado para el lazareto y su dirección mediante una eficaz “junta sanitaria”, en la introducción que plantea Rodríguez Caramazana se aprecia con total nitidez la actualidad del tema al que, en aquel tiempo, se pretendía poner solución: las epidemias de peste, fiebre amarilla y otras enfermedades contagiosas procedentes de otros países y reinos del Mediterráneo.

 Encontramos en este documento la conexión con la actualidad en que se pretende atajar la expansión mundial del SARS CoV2, el coronavirus. Hay una plena vigencia de aquellos postulados y normas para controlar las epidemias, son casi absolutamente vigentes los miedos y válidas las medidas tomadas allá por el final del siglo XVIII y los inicios del XIX. Temores de la sociedad y disposiciones de las autoridades que son hoy, siglo XXI, igual que anteayer, siglos XVIII y XIX, la búsqueda de la salud pública.

 La gran pregunta sería: ¿hemos aprendido algo de la historia? Obviamente no. No leemos historia, no aprendemos de los hechos del pasado, somos soberbios y no queremos que nos den lecciones, y menos los eruditos personajes del pasado. Y me pregunto: ¿acaso ahora sabemos más que ellos? La soberbia y la arrogancia son antivalores, tanto humanos como sociales.

¿Aprendemos del pasado?, (pág. 42)



 No sabemos, o no queremos darnos cuenta, de que los hechos del pasado nos sorprenden muy gratamente con su sabiduría y su enseñanza, los sucesos del pasado nos ayudan a entender el tiempo presente, a posicionarnos y a salir airosos de situaciones complejas.

 Como decimos, la plena actualidad del texto que se propone hoy no deja dudas. Aquel tiempo, 1813, en el que habla Rodríguez Caramazana, es el hoy, enero de 2021. Leamos el siguiente párrafo y reflexiones, sobre lo que en aquel tiempo se hizo mal y comparémoslo con lo que hoy se ha vuelto a hacer mal (enfatizamos y destacamos aquellas semejanzas del pasado no aprendidas en el presente):

 «Este hallazgo afortunado (el lazareto), que no pudo ser obra de hombres iletrados, padeció los eclipses consiguientes a todos los grandes descubrimientos: la inadvertencia, la precipitación y la necesidad, dieron lugar muchas veces, o a que salieran del encierro antes de tiempo los secuestrados (encerrados), o a que, queriendo conciliar la incomunicación con el trato exterior sirviéndose de arbitrios intermedios, se contagiasen, resultando por consiguiente inútil el preservativo en uno y otro caso. De este modo un descubrimiento de sí muy provechoso manejado con inteligencia, fue despreciado como impotente por no conocer los ignorantes las circunstancias que favorecían o contrariaban su eficacia. Así hubiera quedado este precioso hallazgo y entregados los hombres a la incertidumbre y a la desesperación en tiempos de peste, si los físicos, nacidos para socorro del género humano, no hubieran llamado nuevamente la atención de los pueblos hacia este objeto, ensayando nuevos experimentos. Por ellos quedan comprobadas dos verdades desde entonces: primera, que el secuestro para ser remedio ciertamente preservativo, sobre ser absoluto, no debía bajar de cuarenta días; y de aquí tomaron principio las cuarentenas; segunda, que las sustancias blandamente esponjosas y de superficie desigual, como lana, algodón y seda, eran muy propias para conservar la potencia contagiante -sic- y para comunicar la peste, deduciéndose de esto las ideas de los contumaces. (Rodríguez, 1813, 6).

            ¿Qué podemos colegir de estas palabras?:

 -Que hubo, y hay, advertencias y avisos que no se consideraron ni consideran oportunos ni social ni políticamente. Incluso, “políticamente incorrectos”.

  -Que se levantaron, y se levantan, los confinamientos antes del tiempo adecuado.

 -Que no se estimaron, ni se estiman, los conocimientos científicos favorablemente para preservar la salud, sino de manera sesgada, según los intereses particulares, léase políticos y económicos.

 -Que los conocimientos de los expertos, «los físicos, nacidos para el socorro del género humano» fueron (algunos), y son (algunos), manipulados a conveniencia, ya sea en el siglo XIX o en el siglo XXI.

 -Que el confinamiento, «secuestro», cuarentena o aislamiento era una acción eficaz entonces y ahora. ¡¡Eso sí, en la actualidad un “cierre perimetral”, suave, con alguna que otra licencia o privilegio!!

 -Que existían, entonces y ahora, los contumaces contra cualquier medida de salud e higiene pública, ya sean los políticos contrarios, los negacionistas, los anti-vacunas, los incrédulos, los interesados en algo particular, etcétera.

 Otro autor, Hernández Morejón, compañero de armas y faenas médicas de Rodríguez Caramazana, apunta similares ideas de plena vigencia entonces, ¡y ahora!

 «Mientras que la humanidad hace votos para que se forme un código de salud pública que uniforme los procedimientos de las juntas municipales del reino, y que convendría afianzarlo no solo con la constitución política, sino también con nuestras prácticas religiosas, y se establezca un sistema científico de policía civil, que tan precisamente exige el costoso lazareto de expurgo que tiene adelantado la nación en la isla de Menorca, que rivalizará con los mejores de Europa; supongamos al contagio de la fiebre amarilla entrando en alguno de nuestros pueblos y los principales motivos porque se propaga. La ignorancia y espíritu de partido de algunos médicos; la sed de oro del comercio, y los inmorales esfuerzos de las juntas de sanidad para disimular, ocultar y aun desmentir el contagio, temerosas de verse acordonadas, e interceptado su giro y relaciones; he aquí las principales y más poderosas causas que inutilizan los preciosos momentos de extinguir el contagio en su origen…» (Hernández Morejón, 1812, 9-10).

 

La salud y la beneficencia públicas, primeros pasos en la Constitución de Cádiz

Un poco antes de la publicación del libro de Rodríguez Caramazana su compañero en el ejército, también médico, Hernández Morejón disertó sobre la necesidad de centros adecuados para salvaguardar la higiene y la salubridad públicas.

 «Si las autoridades en los pueblos en donde se temen o entran las pestes y contagios, adoptan los reglamentos de policía que han presentado los sabios, éstos sí que pueden lograr extender y familiarizar en un pueblo, en una provincia su beneficencia, debiendo serles a los hombres tanto más gloriosas y gratas las prevenciones, quanto es más grande y sublime precaver los males que curarlos» (Hernández Morejón, 1812, 4-5).

         Al inicio de la contemporaneidad, siendo evidente la carencia o pobreza de sistemas normativos de la salud, el cambio de mentalidad, producido desde los tiempos de la pasada Ilustración, favoreció el ascenso del liberalismo burgués a cotas de poder antes vedadas a este grupo social en ascenso: la burguesía. Así, las reformas, y las llamadas “revoluciones burguesas”, favorecieron el cuestionamiento de esa carencia y falta de códigos sanitarios y de policía médica. Propiciando la aparición de nuevas normas y de sistemas de protección a la salud, más o menos normativizados; por ejemplo, la beneficencia. Posteriormente, ya mediada la centuria decimonónica, aumentaría esta protección social a la salud con las “sociedades de socorros mutuos”, impulsadas por los trabajadores. 

Un nuevo modo de gobernar mediante la reunión de representantes para la elaboración de constituciones políticas de carácter liberal, democrático y burgués atrajo a su vez, en otros campos de la vida, el progreso y el avance en los conocimientos técnicos y científicos. En el ámbito de las ciencias de la salud, véase, por ejemplo, el nuevo sistema anatomoclínico en la ciencia médica de la primera parte del siglo XIX. Sanitariamente España necesitaba de este proceso de apertura, tanto de política liberal como normativa sanitaria:

          «La España carece de un código legislativo de sanidad: tampoco ha tenido una escuela donde pudiera aprenderse la importante rama de la administración de salud pública …». (Hernández Morejón,1812,8).

 En el caso hispano la Constitución de 1812 supuso la apertura a nuevas actitudes políticas y sociales favorables a la sanidad pública.

 Las primeras referencias que hallamos en esta norma legislativa son los artículos 131, que dice: «Aprobar los reglamentos generales para la policía y sanidad del reino…» (Constitución de Cádiz,1812, 42); y el artículo 321, cuando expresa que los ayuntamientos se encargarían de velar por la «policía de salubridad… (así como) cuidar los hospitales, hospicios…» (Constitución de Cádiz,1812, 42 89-90).

 La “Pepa” fue el inicio de unas políticas sociales nuevas que tenían, además, el objetivo de mejorar la salud de la sociedad, ya fuera aceptando el paradigma científico-médico de la medicina anatomoclínica, o bien el diseño de políticas de beneficencia, otorgando esta última tarea a las administraciones locales, para conseguir una sanidad pública más extendida territorialmente.

 En palabras de Elena Maza el artículo 321 de la Constitución de Cádiz «reclamaba, por primera vez para el Estado, y los organismos públicos, la asunción y el control de la asistencia social… (siendo este proceso) un pionero intento secularizador…» (Maza, 1999, 29). Favoreciendo, desde todos los ámbitos políticos, las posibilidades de avances médico-sanitarios y científicos, que recortaba, mejor dicho, nunca contemplaba el Antiguo Régimen (Pozuelo y Redondo, 2012). Como señala Viñes Rueda, “el Estado fue adquiriendo un entramado organizativo sanitario… con sucesivas reformas legislativas…” (Viñes, 2006).

 Y, aunque en este largo y farragoso proceso de la política social decimonónica en España hubo retrocesos, incluso referenciados en normas y leyes retrógradas, “el avance del saber médico, que reclamaba más libertad, sin las ataduras del Antiguo Régimen” consiguió un adelanto innegable (Pozuelo y Redondo, 2012).

 

La nueva construcción del lazareto de Mahón: una necesidad de salud pública

El origen de una institución parecida viene de antaño en esta isla. Fue utilizada desde la Baja Edad Media como sitio donde hacer una cuarentena, “secuestrar” * los barcos, bastimentos (mercancías, ganados, etcétera) y personas que navegaban hacia la península. La nueva andadura de este establecimiento comenzó con una Real Orden del rey Carlos III, el 14 de septiembre de 1787.

(*) secuestrar: Aclaración del Dicc. RAE: Del latín tardío sequestrāre ‘poner en depósito’, ‘separar, alejar’.

      Las Islas Baleares fueron el epicentro de las rutas marítimas del Mediterráneo, conectando las costas europeas con el norte de África y del Oriente Próximo, y viceversa. Y, por ende, fue refugio, o sede, o lugar de control y espera y «cuarentena» para poder continuar su navegación hacia los puertos de destino en la península. Como digo, las Baleares, y concretamente la isla de Menorca, fueron testigo y centro de control de pestilencias y otras enfermedades contagiosas a lo largo de la historia: desde la peste, el cólera o la fiebre amarilla (Buenaventura, 2020, 11-14).

           Pero, nos centraremos en la construcción, o reacondicionamiento, del lazareto que nos reúne hoy. Ya rondaba una sección de aislamiento allá por el siglo XV, era una dependencia sanitaria en el propio puerto, conocida como La Consigna, que fue utilizada como centro de “secuestro” y separación en la isla; también la isla llamada “de la cuarentena”; la isla de Colom (que fue sede sanitaria durante algún tiempo); y la isla de san Felipet (antigua península). Menorca fue, a lo largo del siglo XVIII un territorio dominado principalmente por los británicos, y durante un lapso por Francia, finalmente, pasó a la Corona española. La política sanitaria desarrollada por los borbones hispanos se llevó a efecto mediante una gestión centralizada y jerarquizada (Bonastra, 2017).

          Esta labor requería de una importante actuación en la renovación y reconstrucción de las viejas instalaciones. El marqués de Floridablanca consiguió la firma de Carlos III de la Real Orden, en 1787, para la construcción del lazareto en la isla (Bonastra, 2017; Martínez, 2013).

         Plantea Rodríguez en esta memoria numerosos aspectos, tanto críticas a lo que se venía haciendo como a la necesidad de nuevas propuestas para la dotación financiera y de personal, incluso ofrece un balance económico notificando las excelencias del aspecto comercial y de las ventajas que tiene adecentar un lazareto cercano a la península, justamente en esta isla de Menorca.

«Los lazaretos, habiendo pocos en una nación, con que tengan las favorables circunstancias del de este puerto, son el medio infalible de asegurar la salubridad de los pueblos, la tranquilidad del gobierno, y la expedición del comercio. Si este lazareto hubiera estado organizado, y en uso desde el otoño de 1800 ¿cuántas vidas y millones más tendría la madre patria? Bien sabidos son los gastos de nuestros barcos en los lazaretos extranjeros…» (Rodríguez, 1813, 27).

 El diseño fue encargado al arquitecto (ingeniero militar) Francisco Fernández de Angulo, que siguiendo las nuevas tendencias higiénicas y de salubridad de estas instituciones ofreció un proyecto de “hospital en pabellones, con todos los departamentos e infraestructuras necesarias para su buen funcionamiento. Así, las dependencias se establecieron en base a la necesidad de aislamiento y control en las diversas fases de contagio de las enfermedades, una vez valorado por los equipos médicos. Hay que hacer notar, también, que se agrupaban los pacientes por medio de una discriminación y separación de tipo social (Bonastra, 2017).

  En la larga cronología de la construcción del lazareto se pueden establecer los siguientes hitos en el tiempo: se inició el proyecto el año 1775. Tras el impulso de la Real Orden, de 14 de septiembre de 1787, comenzaron las obras en 1793, que finalizaron el año 1800. Después de los diversos avatares de la compleja situación política en España el centro fue inaugurado el 17 de julio de 1817 (Martínez, 2013; Bonastra, 2017).

 

Los textos y las ideas de Rodríguez Caramazana

«Pocos puntos podrán indicarse en la costa meridional de la península, en todo lo que baña el mediterráneo más apropósito, para servir de lazareto general, como Menorca. Situada esta isla a 19 grados, 38 minutos, 15 segundos E. de longitud; y a 39 grados, 52 minutos, 10 segundos N. de latitud del meridiano de Cádiz; a bastante distancia del continente para no temer su infección, y a la mano al mismo tiempo para guarecerse en ella a todas las embarcaciones  contagiadas, pertenecientes a los puertos comprendidos  entre el cabo de Creus y el Estrecho de Gibraltar; estando al paso de comercio de levante y costas de Berbería con España, lo que ofrece muchísima oportunidad para que estas embarcaciones hagan sus cuarentenas y expurgos  antes de tocar en la península… que no hay  puerto alguno (del mar Mediterráneo)… de donde no puedan venir las embarcaciones a este lazareto, como lugar más a propósito para hacer  cómodamente en él sus cuarentenas y expurgo. Para ello ofrece su puerto las mayores comodidades del mundo: capaz de todas las escuadras conocidas, inapreciable por su fondo y seguridad, y defendida su boca por varias baterías en una y otra costa, que cruzan sus fuegos, da superior recomendación a Mahón, para que pudiendo ser emporio  del comercio de levante, y el almacén general de sus mercaderías, sirva al mismo tiempo  su lazareto de centro de expurgo  para que se distribuyan desde aquí, sin riesgo, a la península, y sea el origen de nuestra futura prosperidad…»  (pp. 9-11).

Geografía de Mahón


  «Persuadido, sin duda, nuestro gobierno de estas razones y de la gran utilidad que de la construcción de este lazareto se seguiría, tomó sus medidas en 1793 para llevarle a efecto, y para elevar un monumento a la humanidad, no menos respetable por su objeto que por la suntuosidad de la obra, teniendo presentes para ello los planes de los lazaretos más acreditados de Europa…» (p. 11)

  Nuestro autor pasa seguidamente a hablar de la ubicación del edificio (“bellísima situación”) en la costa norte de la isla, así como la ponderación de las diversas medidas del mismo, su adecuada situación de los puertos para numerosas embarcaciones, ya sean civiles o de la marina de guerra.

  «Acercándonos más al lazareto y examinando en sí mismo su disposición, se observa ceñido de una muralla común bastante gruesa… de 27 pies de elevación y 1.440 varas de circunferencia, que mediante cuatro puertas magníficas… conducen a tres departamentos ya construidos y en estado de servicio, pertenecientes a las patentes sospechosa, sucia, y tocada*, circuidos separadamente por un muro particular…» (p. 12)

(*) tocada: el lugar de las personas afectadas por una enfermedad pestilente. De las diversas definiciones encontradas en el Diccionario de la RAE, pensamos que la más acertada habla de tocado como un adjetivo coloquialmente utilizado para enfermos o contagiados.

 

Estructura del recinto

Entre otras dependencias necesarias para este tipo de centros, como almacenes, enfermerías, puestos de guardia, cocinas, etcétera, destacamos los departamentos para atajar y controlar el distinto grado de contagio de la enfermedad:

 «Departamento de patente sospechosa. Está destinado este departamento para recibir en él las personas y efectos, procedentes de puertos sospechosos o que han rozado en la mar barcos tenidos por tales…» (seguidamente va describiendo la estructura y las dependencias, habitaciones, cocinas, medidas y ponderación de cada parte, incluso si hay que aislar ganado y animales, que tiene este departamento) (p. 13)

 «Departamento de patente sucia. En este departamento deben recibirse las personas y efectos de barcos que viniendo de lugares apestados o habiendo obtenido en el camino roce con quien lo está, se reputan de patente sucia…, finalmente está distribuida esta patente con tal inteligencia, que pueden habitar en ella, sin roce, las diversas tripulaciones, que vayan entrando, y se hallen en distintas épocas de cuarentena y expurgo. ¡Ventaja de alta consideración en un lazareto general!». (p.13-14).

  «Departamento de patente tocada. En lo más oriental, elevado y seguro del lazareto está este departamento, que construido a modo de hospital, y compuesto de tres enfermerías separadas entre sí, rodeadas de su cerca peculiar, dividida cada una en seis piezas, con sus cocinas, pozo de agua potable, laboratorio, zaumerios (sahumerios, perfumadores) y comunes, sirve para recibir las personas afectas de enfermedades pestilenciales. Tiene además, una alta torre para habitar un vigía, verjas dobles de fierro, al través de las cuales puede hablarse desde la patente sucia con los enfermos y sus asistentes, proveerles de lo necesario, &c. (etcétera)». (p.14).


Copia del plano del lazareto
Fuente: El lazareto en el puerto de Mahón, pág. 9


  «...Así pues, resumiendo cuanto contiene, este edificio, resulta: que consta de 1 muralla común, de 3 particulares, de 5 torres para vigías, 141 habitaciones, 7 almacenes con 120 poyos para serenar los contumaces *, 2 enfermerías para indisposiciones ordinarias, 3 para apestados, 5 zaumerios, otros tantos laboratorios, 49 cocinas, 53 comunes, 1 capilla, 30 tribunas con locutorio, 6 cisternas, 2 norias, 9 pozos, 5 huertos, 2 caballerizas, igual número de corralones, cuerpo de guardia, con el correspondiente surtido de chimeneas, imbornales **, rastrillos, verjas, escaleras, puertas, ventanas, llaves subalternas y maestras; todo rotulado y distribuido según el mejor orden y exquisito gusto…, que promete halagüeños auspicios a los navegantes, que teniendo la desgracia de ser apestados, conduce la providencia al lazareto de Mahón…» (pp.14-15)

(*) “poyo para serenar contumaces”: banco de piedra para tranquilizar a los rebeldes.

(**) imbornal: Abertura practicada en la calzada, normalmente debajo del bordillo de la acera, para evacuar el agua de lluvia o de riego (Dicc. RAE). Entre otras definiciones creemos que esta es la más correcta en este contexto.

 

Estado general del centro en 1807 y otras necesidades

Rodríguez Caramazana expone la necesidad de la institución que debe ser dotada con más departamentos, pues bajo el punto de vista médico-asistencial el lazareto está inacabado. Así mismo, da cumplida cuenta de la financiación presupuestaria que precisa para su buen funcionamiento. Y, aunque oficialmente no comenzó sus actividades hasta 1817, sí hubo diversos episodios en los que el centro acogió en cuarentena enfermos y buques, como señala este autor en su memoria:

  «Desde el 1793, en que se principió la obra, hasta el 1807 en que se concluyeron los tres departamentos actuales, dirigió el lazareto y sus obras una junta… Los cinco últimos años ha cuidado del edificio… De esto se deduce no haber estado el lazareto organizado hasta el día, como debiera, para desempeñar el benéfico y grandioso objeto para cuyo logro se han gastado 5.632.746 reales vellón y dos maravedises. Lo aflictivo de las circunstancias ha precisado algunas veces a recurrir a él, no obstante la falta de arreglo, como sucedió en 1803 con varios buques guardacostas del Rey; en 1809 con los militares enfermos procedentes del primer ejército, en 1810 con la tripulación y efectos del místico 33,  *** y la del navío guerrero de la marina nacional, tocados de calentura amarilla adquirida en Cartagena; en 1811 con los enfermos y empleados del hospital militar de esta plaza por haber tenido roce con los del navío de S. M. B.**** el Temerario e Invencible, que suponían padecer aquella misma dolencia…» (Rodríguez, 1813, 16-17).

(***) místico: Embarcación costanera de tres palos, y algunas veces de dos, con velas latinas, usada en el Mediterráneo. (Dicc. RAE).

(****) Según un informe de fecha anterior se trataba de dos navíos de la marina de Su Majestad Británica que hicieron su cuarentena en este lazareto, aunque aún no estaba inaugurado. (Para conocer más en profundidad este acontecimiento véase Buenaventura Pons, A. MAHÓN-PORT. LOS LAZARETOS (I) EL REAL LAZARETO DE MAHÓN (1ª PARTE), p. 93 y siguientes; 2020).

 

Órganos rectores: la junta de sanidad, los vocales y la escasa ciencia. Pequeña historia

Con rotundidad explica Rodríguez  la escasa instrucción que tiene la junta sobre el funcionamiento del lazareto en circunstancias de presión sanitaria y de la incomprensión de las labores y funciones  de la “junta de sanidad de mahón; ni tampoco del número de vocales…” (p. 17). Así, comenta nuestro autor muy brevemente la historia de este órgano rector y de su origen:

  «...el origen de esta junta de sanidad por conjeturas, debería tenerse presente para ello que habiendo habido en la ciudad de Palma del reino de Mallorca, desde principios del siglo XV, un médico morbero encargado de vigilar sobre las enfermedades pestilenciales, quien unido a siete personas sabias en 1475 formaron la primera morbería o junta de sanidad en aquella isla… Se sabe que la isla de la cuarentena ha sido durante muchos años el paraje en que se confinaban los buques, hacían su observación los detenidos y el expurgo los que lo habían menester; no habiendo sospecha de gran riesgo, pues habiéndola se ponían los enfermos y los contumaces en la isla de Colom*****, como sucedió con nuestro esclavos apestados en 1787, procedentes de Argel…» (p. 18)

           Al parecer en un primer momento fueron rescatados 263 esclavos españoles (otras fuentes indican que el número fue de 268), con posterioridad se liberaron otros 99 (Sabater, 1984, 79), pero fue una epidemia de peste en aquellas tierras lo que hizo que la regencia de Argel (por entonces provincia dependiente del sultán otomano de Constantinopla) liberase a los esclavos hispanos, según los acuerdos del Tratado de Paz de 1786 (Sabater, 1984).

(*****) Isla de Colom: situada al norte de Menorca cerca del puerto de Mahón.

 

Una “cantinela” actual (2020-2021) del año 1813

Con firmeza Rodríguez elabora en su memoria una crítica acerca de los componentes de la junta sanitaria, carentes en muchas ocasiones de conocimientos e interés por la higiene y sanidad públicas:

  «…¿infundirán bastante confianza sus decisiones para deponer en ellas nuestra seguridad, y para que estos individuos, respetables de otra parte, merezcan la dirección del ministerio exclusivo de conservadores de la salud pública? Ignorando el mayor número hasta el sentido de los términos más triviales del código sanitario, no teniendo noción alguna de los miasmas, de los focos, de las causas que los multiplican o aniquilan, del modo cómo se inoculan, propagan y desarrollan; sin principios de higiene publica ni privada, ¿podrán conocer las enfermedades, sus causas y diferencias?... Lo más admirable suele ser que recurriendo a la junta los interesados, se ve precisada, en fuerza de su nulidad a veces, a haber de rebajar la mitad o más del tiempo de la cuarentena decretada, sin más fundamento que el que hubo para imponerla. ¡Como si pudiesen hacerse transacciones con la peste!… La cantinela, con que se pretende satisfacer a estas dificultades, suponiendo que para esto tiene la junta sus facultativos, es ilusoria y puramente evasiva, pues sobre envolver un error de política absurda y dañosa a la causa pública, de autorizar para decidir y ordenar a los legos, porque se han aconsejado con letrados; se sabe que no siempre que es necesario recurren a este medio; que las consultas no las presentan bajo el aspecto debido para ser bien comprendidas… debemos convenir en que para fundar un dictamen científico, se necesita analizar el punto que se propone, despejarlo de los incidentes que lo oscurecen, deducir de él las consecuencias y resolver breve y claramente. En los asuntos, pues, de sanidad como embebidos todos en las ciencias naturales y principalmente en la medicina, exigen muchas veces que se refieran algunos acontecimientos pertenecientes a otras epidemias…» (pp. 20-21).*

(*) Volvemos a  destacar en negrita ciertas frases de este párrafo es para resaltar la indudable actualidad del tema. Así como el innegable desconocimiento de la historia que podría solventar no solo problemas sino aderezar actitudes políticas negativas, de todos los tiempos, tanto pasados como actuales.

 

 Las juntas de sanidad: datos del pasado, crítica y propuesta del control morboso

«Ni se diga que esta ha sido la práctica inconcusa * de todos los tiempos; pues las funciones del sacerdote médico encargado de la policía de los leprosos entre los hebreos, las del médico morbero que existía en el siglo XV en el reino de Mallorca, las del despachador del de Valencia y la de los alcaldes de lepra creados por los reyes católicos en 1477, 1491 y 1498, para que las ejercieran los más sabios facultativos, en nada se parecen, habiendo sido activas y jurisdiccionales, a las subordinadas de los inspectores de epidemias y consultores de sanidad actuales…» (Rodríguez, 1813, 21-22).

(*) inconcusa: 1. adj. Firme, sin duda ni contradicción (Dicc. R. A. E.)

Rodríguez hace una extensa crítica a la configuración, fundamentalmente “política”, de estas juntas de sanidad por instituciones y miembros inexpertos, pues

«…privadas por lo común de ideas científicas de higiene pública, en lugar de alentar el celo de los facultativos, tal vez lo contrarían, lo modifican o tergiversan según su capricho o particulares miras. ¿No se ha visto prescindir hasta de pedir dictamen a los inspectores de epidemias?... Es menester decirlo sin rebozo el haber privado a los facultativos de la administración activa en los establecimientos de salud, ha hecho cometer a los gobiernos los más crasos errores…» (p. 22).

«A las antedichas nulidades de la junta actual de Mahón debe añadirse… la de que los vocales morberos, jurados y los facultativos se mudan cada año, quedando permanentes no más el comandante general, que por lo común no asiste a ellas, el capitán del puerto, cuyo sujeto, aunque no falta… le queda poco tiempo para pensar en otros asuntos, y el secretario, que siéndolo también del ayuntamiento, apenas puede mirar los negocios de sanidad sino como segundarios, o de menor importancia. Así sucede que a la mala disposición de los vocales se junta la novedad, la ignorancia de las órdenes… por manera, que cuando comienzan a entrar en el giro ordinario de sanidad, y muchas veces antes de entenderlo, siendo otra vez  relevados del encargo, ceden la plaza a otros nuevos… haciéndose esto un círculo eterno de errores, que es imposible remediar sin destruirlono es aquí la ciencia, la probidad y la firmeza de carácter quien decide la elección; no se necesita ser doctor, licenciado, o tener graduación alguna; el buen nombre, el concepto de literato, la fama pública, son circunstancias indiferentes para ser médico o cirujano de sanidad (1)…  Por último, la junta de sanidad carece de reglamento fijo de gastos. No hay señalamiento determinado para cada buque; y así la cuenta y razón debe ser por lo tanto dudosa…».

La ácida nota de esta página de Rodríguez dice: «(1): En Menorca es médico, cirujano y boticario; médico y cirujano en una pieza; y comúnmente cirujano, médico y boticario a un tiempo el que quiere, sin que se le obligue a presentar documento alguno de suficiencia. No es más difícil el establecimiento de una botica que el de una taberna o una tienda de aceite y vinagre. ¿Hasta este punto ha llegado la estúpida indolencia de los gobernantes anteriores? No tolerar que el sastre, el zapatero, el molinero… ejerzan sus oficios mecánicos sin aprendizaje y maestría, en que solo se arriesga una pequeña parte de los bienes, y favorecer el que manejen las vidas de los ciudadanos cualquiera hombre oscuro, desentendiéndose de las leyes: son circunstancias contrarias a la buena civilización de los pueblos.  (pp. 23-25).

(*) Se refiere aquí el autor a los gobiernos anteriores a la Constitución de 1812.

 

Reorganización del Lazareto en Mahón

Seguidamente presenta Rodríguez un “Proyecto de organización del lazareto de esta plaza”, con todas las necesidades cubiertas adecuadamente, así lo primero que propone es el órgano rector de la institución, la junta de sanidad:

 «…Hasta que la constitución política de la nación * ha restablecido a todos los españoles en la dignidad de ciudadanos **, se contó menos para la formación de las juntas de sanidad, con la sabiduría y el mérito, que con la riqueza y el poder, sin que fuera nulidad para dejar de ser vocal, la ignorancia, la pusilanimidad y el roce de los intereses del público con los particulares, que rara vez concuerdan con las medidas activas y rigurosas de la política sanitaria. Para que esto no suceda en lo sucesivo deberían sacarse los vocales, no facultativos, de todas las clases del estado; pues siendo la salud individual una alhaja propia, que nadie enajena para ceder a otro, pertenece a cada uno su conservación. Por este principio tan simple como luminoso, se deduce pertenecer a todos la vigilancia y uso de los medios que aseguran la salud de los pueblos… Cuando el ciudadano español abdica una parte de la soberanía para investir a un Rey, y constituir un gobierno, entiendo que no cede su salud y su vida sino en cuanto es precisa para defensa y bien estar de la patria…» (pp. 28 -29)

(*) Nuevamente se refiere a la Constitución de Cádiz.

(**) “dignidad de ciudadanos”, la soberanía reside en el pueblo, no en la figura del monarca.

Continúa Rodríguez exponiendo la necesidad de cubrir con personal idóneo cada una de las categorías que deben componer un lazareto para atender a los enfermos y portadores de enfermedades contagiosas en ruta  hacia la península. De forma que pide  facultativos bien preparados, físicos y cirujanos, especifica la manera en que se han de producir el nombramiento de los diversos cargos de la junta: presidente, vicepresidente, “secretario de sanidad”, protector, fiscal, tesorero, interventor y sus respectivas funciones, vocales, y las actividades de estos últimos (p. 34 y ss.). Además de comentar otro tipo de personal auxiliar, no estrictamente sanitario y los sueldos que compensarían dignamente el trabajo en el lazareto. (p. 43 y ss.). Exhorta a que se consideren los argumentos y principios científicos por los que se debe regir la organización, el funcionamiento y la seguridad del lazareto, y de los buques mientras esperan la cuarentena.

Importancia de la ciencia, pág. 29.



  Por último, un apunte curioso es que se incluye en esta edición de la memoria la “Carta de un facultativo a un militar del primer ejército”, son 14 páginas en las que responde a los argumentos del Dr. Salvá y Campillo, a favor de la unidad de la medicina y la cirugía. Tema de continuo y permanente debate en España, durante esa época hasta la unificación en la segunda mitad del siglo XIX.

 

A modo de conclusión

Esta obra fue publicada y enviada a los representantes del pueblo reunidos en Cádiz en un momento crítico de la historia de España. Un tiempo que fue puente de la Edad Moderna a la Época Contemporánea. Circunstancias en las que se iniciaron sabiamente  las deliberaciones sobre salud, higiene y sanidad públicas como elemento social y político importante en el devenir del tiempo histórico, el momento crucial en la Guerra de Independencia, el parlamentarismo comenzado con la Cortes de Cádiz, el debate de la Soberanía nacional como eje de poder en la sociedad y en la política, etcétera.

            Quisiera traer un poco de optimismo en este colofón, y en cualquier exposición de mis estudios, pero, tristemente se aprecia en la vida actual que se ha aprendido muy poco de la historia. Curiosamente hemos apreciado a lo largo de esta memoria de Rodríguez Caramazana que, pasados más de 200 años, para resolver las epidemias o pandemias, y ya que los problemas son los mismos, deberíamos haber atajado esta pandemia del año 2020 (y sucesivos) de una forma más acertada, sencilla, basada en la evidencia y en la experiencia de tiempos anteriores. Mas la ignorancia de la historia nos lleva a repetirla y a cometer los mismos errores. 

Bibliografía

-Biblioteca Complutense. Médicos históricos, en:http://webs.ucm.es/BUCM/med/archivo/ficha_medico.php?id_medico=255.

-Bonastra Tolós, J. CIENCIA, SOCIEDAD Y PLANIFICACIÓN TERRITORIAL EN LA INSTITUCIÓN DEL LAZARETO. UNIVERSITAT DE BARCELONA. 2006 (Tesis doctoral).

-Bonastra Q. Los orígenes del lazareto pabellonario. La arquitectura cuarentenaria en el cambio del setecientos al ochocientos. Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, 2008, vol. LX, nº 1, enero-junio, págs. 237-266.

-BONASTRA, Quim. El lazareto de Mahón. Atlas Digital de los Espacios de Control, nº1, 2017

-Alfonso Buenaventura Pons, MAHÓN-PORT. LOS LAZARETOS (I) EL REAL LAZARETO DE MAHÓN (1ª PARTE), en: https://mahonportarchive.files.wordpress.com/2018/03/el-lazareto-del-puerto-de-mahc3b3n-1-1.pdf 

-MANUEL CARRERAS ROCA. EL LAZARETO DE MAHÓN DE MANUEL RODRÍGUEZ DE VILLALPANDO. Medicina & Historia. Fundación Uriach 1835. Núm. 40. 1974.

-Constitución Política de la Monarquía Española. Promulgada en Cádiz a 19 de marzo de 1812. Edición facsímil. Maxtor. Valladolid. 2001.

-Hernández Morejón A. Pensamiento de policía médica para extinguir el contagio de la fiebre amarilla. Ramón Puchol, impresor del exército; Murcia: 1812.

-Maza E. Pobreza y beneficencia en la España contemporánea (1808.1936). Ariel SA. Barcelona, 1999.

-Pozuelo Reina A., Redondo Calvo FJ. “La Pepa” y la mejora de la salud. La sanidad española desde la constitución de Cádiz hasta el fin del trienio liberal, (1812-1823) Apunt Cien. 2012; 2(1):68-71; en: http://apuntes.hgucr.es/wp-content/hgucr/pdf/boletin-05.pdf

-Pozuelo Reina A. Redondo Calvo FJ. Bejarano Ramírez N. “La Pepa” y la mejora de la salud. 200 años de historia. Apunt Cien. 2013; 3(Extra): 43-44; en: http://apuntes.hgucr.es/wp-content/hgucr/pdf/boletin-08.pdf

-Real Academia de la Historia DB-e. 2018; en: http://dbe.rah.es/biografias/48949/manuel-rodriguez-y-caramazana.

-Rodríguez Caramazana M. Lazareto de Maón o memoria descriptiva de sus obras. Reflexiones críticas sobre su estado actual y proyecto para que sea general y puerto franco en beneficio del comercio del Mediterráneo, que por lo que puede convenir, antes de arreglarse el ramo de sanidad, dedica al poder legislativo, Manuel Rodríguez. Maón, 1813. [Edición facsímil del Mº Sanidad y Consumo; Madrid: 1987].

-Rodríguez Ocaña E. La cuestión del lazareto marítimo permanente en la España del siglo XVIII, de Cádiz a Mahón. Asclepio Rev Hist Med Cien 1988; 40(1):265-76.

-Sabater Galindo, J. El Tratado de Paz Hispano-Argelino de 1786. Cuadernos de historia moderna y contemporánea, 1984, nº. 5, 57-82.

-Varela Suanzes-Carpegna J. La Constitución de Cádiz y el Liberalismo español del Siglo XIX. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes. En: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-constitucin-de-cdiz-y-el-liberalismo-espaol-del-siglo-xix-0/html/0062d5a2-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html. 1987.

-Vidal Hernández JM. El lazareto en el puerto de Mahón (edición bilingüe). Text Josep Miquel Vidal Hernández. Institut Menorquí d’Estudis. Fotografies Josep M. Vidal Hernández. Museu de Menorca Museu Hernández Sanz 

–Hernández Móra. Ajuntament de Maó. Disseny gràfic Quadratí.

- Viñes R JJ. La sanidad española en el siglo XIX a través de la Junta Provincial de Sanidad de Navarra (1870-1902). Pamplona: Gobierno de Navarra; 2006.

………………………….





No hay comentarios: